Nos levantamos picados por los mosquitos. Madrugamos pensando en lo que nos esperaba para el regreso.
Ni nos logramos bañar, no había agua.
Arrancamos a las 7:00am con destino Riohacha.
Buscamos la carretera normal y principal (la que el Tolimense nos había recomendado tanto en su mapa), había mucho hueco y era mala, pero era una autopista a comparación con la vía del día anterior.
Nos topamos inicialmente con los Molinos de Viento (Eólicos), grandes, hermosos, imponentes.
Seguimos y nos enrutamos con la carrilera del tren del Cerrejón, parecía que no iba ser tan duro como la otra vía.
A dos horas de camino y parar a tomar liquido y descansar varias veces, mi compañero John Fredy se cayó (el de la FZ16). Esta vez la arenita que creímos haber dejado atrás, volvió aparecer en un tramo y lo hiso caer. Su moto se rayo mucho: el tanque, el alerón lateral, el manubrio se torció, la manigueta igual. Su novia se raspo los codos y a él no le paso nada. La chaqueta de protección le ayudo.
Le ayude a levantar su moto y nos tranquilizamos un poco, llevábamos dos horas. Estábamos más o menos a tres horas de Uribía.
Nos cogía el desespero por la ruta, y cuando ajustábamos las 5 horas: Vemos a la distancia Uribía. Fue de mucha alegría ese momento, mucha alegría, por fin pavimento!.
Almorzamos donde el mismo Tolimense, quien nos regaño por no haberle hecho caso. El cansancio me hiso quedar dormido en una silla de ese restaurante. Ya Manaure no era prioridad para nosotros. La prioridad era llegar al hotel en Riohacha.
Llegamos a eso de las 4pm. Me bañe con una alegría inigualable, como si nunca me hubiese bañado.
Me acosté y nos levantamos a las 7pm a buscar comida.
En el parque de Riohacha existe un lugar (no recuerdo el nombre), solo sé que venden unas cosas llamadas Calzones. Comimos Calzones ese día con Milo, que delicia, que delicia haber comido esto.
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